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La nueva yo

Nunca en mi vida había llevado el pelo corto. Lo más corto era bajo mis hombros. Tenía un cabello hermoso,  fuerte, sano, (nunca lo he entintado) brillante, rizado, al alisarlo se veía una abundante, larga y dócil cabellera.

Tomé el camino difícil y decidí no raparlo y conservar el poco pelo que me quedaba, un poco por la creencia de mi padre de que la salud y la fuerza se reflejan en el pelo.

Durante estos meses que duró mi tratamiento de quimioterapia (ABVD), perdí el 95% de mi rizada y abundante cabellera. Lo que me quedó fue un poco de cabello en la parte de atrás de la cabeza, como un hombre pelón, al que le quedan unos cuantos pelos bajo la coronilla.  Me quedaron algunos mechones en el frente que me ayudaban a disimular mi  pelona; lo que hacía era aplicar un poco de crema para peinar y con los dedos lo alisaba hacia atrás cubriendo los huecos y lo recogía en una coletita. No era ni un solo rizo de lo que antes tenía.
Cuando estaba en casa soltaba esa coleta y quedaba como un monito.
Lo poco que me quedaba tenía el largo para recogerlo y tan maltratado y delgado que no se llegaba a rizar. Mientras pasaban los meses y se caía mi pelo, también empezaba a cubrirse mi cabeza con pelo nuevo. Hasta la semana pasada mi cabello nuevo tenía un largo de unos 4 cm. Y mi cabello anterior, el doble o más.

La verdad es que nunca antes tuve el valor de verme sin pelo. No quería delatarme. No había tenido la fuerza de enfrentar mi enfermedad. Por meses me he aislado, no me he sentido bien ni con ánimos pero tampoco quiero que la gente sienta compasión o pena por mi.
Un poco los prejuicios sociales y un poco mi depresión. Un poco siento pena de mi aspecto, sin cejas ni pelo, sin color, ojerosa, un poco yo misma en un cuerpo que no es el mío. Verme enferma sin querer estarlo.
Una semana después de mi última quimio, decidí que no podía sentirme mal y verme mal. Mi tratamiento con quimio había terminado. A partir de esa última quimio me empezaría a sentirme  mejor, por lo tanto, verme mejor.

Llegue con mi estilista y le pedí que cortara los largos que sobraban y me dejara un corte con el que me viera arreglada.

De momento me sentí cómoda, me vi igual solo sin coleta. Me faltaba un poco de maquillaje y unos aretes.
Pero salí liberada! Renovada. Dejé atrás el fantasma que me atormentaba respecto a mi apariencia.
Ya no soy la misma mujer que devastada y derrotada física y moralmente con el curso mi enfermedad y del tratamiento.
Hoy me siento fuerte y animada. Superé la etapa mas dificil del tratamiento . Aceptar mi enfermedad. Luchar por mi vida. Terminé con fuerza y valor  mi tratamiento con quimioterapia y estoy lista para vencer al linfoma de hodgkin. Lista para enfrentar día con día lo que viene y  completar mi tratamiento. Superé mis miedos. Mi cuerpo pudo. Yo puedo.
Soy una guerrera.





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